DESCONOCIDO:
Para comenzar a explicar esta
“matriz de riesgos de carácter genérico” (es decir, adaptable a cualquier tipo
de equipo y cualquier tipo de evento adverso derivado de los equipos de electromedicina)
debemos comenzar por exponer la “gran
diferencia de conocimientos preventivos (de carácter tecnológicos-industriales) existente entre los grupos de técnicos
de electromedicina y los diferentes grupos de personal sanitario. Los
conocimientos previos a cualquier acción formativa”.
Diferencia la cual resulta ser la
primera
gran desventaja para este último grupo, quienes han centrado
su formación en las ciencias de la salud. Y cuya trayectoria
profesional se centra en el estudio de otras características y necesidades
propias de los oficios derivados de las ciencias de la naturaleza y la salud. No de las ocupaciones centradas en el
estudio de las ciencias tecnológicas.
Habiendo sido el primer grupo
(los técnicos de electromedicina) expresamente formados para la “naturalización
de estos tipos de pautas de actuación y desarrollo de la seguridad” a
lo largo de su formación académica.
Pautas, las cuales son necesarias
para poder afrontar satisfactoriamente cualquier ocupación aun existiendo riesgos
latentes en el entorno de trabajo (Llamado en Docencia de la Formación Profesional para el Empleo: "Desarrollo Actitudinal y Aptitudinal del
profesional de carácter Preventivo").
Aspectos que van desde la percepción
e identificación de una situación de riesgo, aún siendo un “riesgo
no activo”; hasta la forma de “acotar, mitigar o eliminar”
dicho riesgo. Formación vinculada
a la instrucción del correcto uso de los EPIS´s, el desarrollo
de
aptitudes - actitudes preventivas, el desarrollo de pautas de actuación y la concienciación de la importancia de la
autoprotección.
Siendo en muchas ocasiones
obviada esta diferencia de nivel inicial de conocimientos iniciales durante
el periodo donde se confeccionan los itinerarios de las acciones formativas.
Y siendo obviada la
existencia de este mismo factor y la urgencia de atender a esta
necesidad ya que resulta Esencial para una correcta
confección y organización de acciones formativas. (Adaptación del contenido y
la metodología didáctica a las necesidades y el nivel del grupo - alumno).
Resultando por tanto
imprescindible para todo aquel técnico en su faceta de formador (o docente) entender
esta desventaja inicial y poder centrar la formación en cubrir todas las “necesidades
personales del alumno” ante la exposición de cualquier cambio
metodológico y aumento del vocabulario (venido de la adopción de cualquier
equipo o nueva herramienta).
Comento esto debido a que es
imprescindible al comienzo de cualquier acción formativa realizar una prueba
inicial para conocer el nivel de conocimientos previos a dicha formación.
Adaptando la formación al nivel
inicial de clase, buscando cubrir las necesidades personales del alumno, a
través de fomentar el crecimiento personal. Y recordando no obviar esta diferencia
de nivel de conocimientos por el docente para evitar fallos en la forma y
comunicación.
Por tanto que debemos tomar como
primer punto de la matriz la palabra “Desconocido”, entendiendo que en el
marco de las profesiones sanitarias, se han diversificado y centrado
los perfiles profesionales en sectores de orígenes diferenciados, y es
normal esta gran diferencia de nivel de conocimientos y manejo del lenguaje
técnico a los que los docentes deben atender para fomentar una correcta
formación y solventar las desventajas a las que el alumno debe hacer frente.
DESAPERCIBIDO:
Situaremos esta palabra en segundo
lugar debido a que en muchas ocasiones los riesgos a trabajar y naturalizar
durante la formación en tecnología sanitaria son conceptos y factores abstractos cuya
dificultad de percepción es “alta o muy alta”.
Siendo en muchas ocasiones
expuesto un contenido que resulta intangible, cuestiones muchas veces de
carácter racional e invisible, pero que al ser desestimadas generan un riesgo real.
Un alto ratio de eventos adversos.
Requiriéndose dotar de un tiempo
específico a la acción formativa para su exposición individualizada, la
resolución de dudas que vayan apareciendo, y dotándola con el tiempo
suficiente para trabajar mediante prácticas todo el contenido relacionado hasta
su total comprensión y manejo por parte del alumno.
Necesitándose por tanto un mayor
tiempo (del que se suele organizar) para su estudio, y la confección de un
índice que nos acompañe a lo largo de la formación.
Generando una guía de objetivos
consecutivos a superar para completar y mejorar las capacidades: análisis,
detección, acotamiento y autoprotección. Y poder naturalizar en el alumno la
forma de neutralizar cualquier tipo de foco de riesgo adoptado tras la
tecnología.
Trabajando el contenido mediante
prácticas con las que el alumno sienta que está ampliando sus
capacidades en torno a una “materia”
(la tecnología), que juega un papel secundario crucial en sus labores. Aunque estas relaciones
vengan a través de “cuestiones
indirectas”. (Las nuevas condiciones de trabajo que nos aportan los equipos).
Dejando demostrada la importancia
de estas cuestiones para afianzar la atención prestada al entorno, en la cual
entra en juego tanto la seguridad del paciente como la suya propia
(Autoprotección).
DESCUIDO:
El introducir este término en
tercer lugar viene debido a que todo ser humano es susceptible de tener
un descuido, sobretodo, cuando hablamos de cuestiones que pasan desapercibidas,
y cuya importancia, relaciones como factores condicionantes de un proceso
(real) puede sernos desconocida.
El descuido es un aspecto propio
de la naturaleza humana, siendo en muchos casos cuestiones capaces de:
Analizarse, Trabajarse (Actitudinalmente y Aptitudinalmente) en clase a través
de prácticas
centradas en la mejora de “la percepción y el análisis del entorno”.
Pudiendo ser solventadas a través de la formación profesional para el empleo.
Este proceso es el que se
denomina “Naturalización”, constituyéndose por: “la adaptación (consciente y subconsciente)
del sujeto ante las nuevas condiciones (posiblemente adversas) que se suceden
en el entorno a lo largo del desempeño de sus funciones”.
Siendo necesario complementar la
formación que el sector de la electromedicina actualmente rige a través de los
fabricantes (“How To Make”) y el cual está generando problemas cuando el
profesional se despista (o pierde) en alguno de sus pasos.
Puesto que la naturalización no sólo depende
de aprender el paso a paso ó “how to make”, sino de hacer ver el marco de las
condiciones (incluyéndose los focos de riesgo) que se originan en el entorno
como herramienta para el empoderamiento del profesional ante este proceso y
conseguir que forme parte de la identidad del alumno (Trabajo Aptitudinal y
Actitudinal).
Siendo necesario centrar las
acciones formativas en las necesidades del alumno para entrenar las “Habilidades
personales”, mejorar su atención para identificar estos factores de riesgo
venidos de una situación de riesgo oculta tras un posible descuido.
DESPREVENIDO:
Debemos entender que aquello que
nos resulta desconocido suele pasar desapercibido, y por tanto puede
quedar fuera de nuestro conocimiento y control. Siendo esta situación
en la cual un descuido se puede convertir en un factor que inicia el evento
adverso. Siendo esta relación un talón de Aquiles dentro de la
formación en gestión de riesgos.
Pudiendo dejar a los
profesionales desorientados y desprevenidos ante los acontecimientos que se
suceden a lo largo de la aparición de riesgos y el comienzo de eventos
adversos. Ya que únicamente al centrar la formación en
desarrollar las habilidades personales necesarias, podemos adelantarnos al
aparecimiento de éstos y “acotar” el foco de riesgo desde su origen.
Retomando el control de
la situación a través del entrenamiento en prácticas centradas en
mitigar los diferentes eventos adversos que los riesgos latentes nos
aportan. Naturalizando acciones de autoprotección del profesional, así como las
pautas de actuación para reducir su impacto.
Debiéndosele dar más importancia
a la hora de confeccionar la forma de trabajar el contenido didáctico, y
priorizando estas durante la confección de itinerarios de formación en
tecnología sanitaria.
DESPROTEGIDO:
Una vez se inicia cualquier evento adverso el cual pilla al
profesional desprevenido, es
normal que la situación deje tanto al profesional, como al paciente,
completamente desprotegidos. Quedando
a la merced de la suerte o forma en que se suceden los acontecimientos.
Al no ser desarrolladas las
habilidades personales de autoprotección como formación propia o
complementaria, el profesional queda indefenso ante una situación que le puede
repercutir daños tanto físicos como posteriormente emocionales.
Creándose incluso la idea de ser
superado por parte de la situación venida de un posible descuido y pudiendo
crear sentimientos negativos. Los cuales merman las capacidades del
profesional.
Es por ello que debemos
mejorar la formación en la prevención de estos acontecimientos, centrándola en mejorar las habilidades necesarias para favorecer el
crecimiento personal del profesional y mejorar la protección y el
aseguramiento durante el proceso sanitario.
Extrapolando y adaptando según la
necesidad, las pautas de actuación ante los riesgos laborales de los sectores
industriales donde ya se han desarrollado patrones para ser naturalizados. Creando
en la medicina una visión más nítida de que son los mismos riesgos, y cómo estos
vienen a desarrollarse tras un fallo procedimental dentro de la adopción de la
tecnología.
DESASTRE:
Podemos definir el evento
adverso como una situación desastrosa, una en la cual la normalidad del transcurso
de cualquier proceso es rota por la aparición de un imprevisto, alejando la
situación del normal desarrollo de los acontecimientos, hacia una situación que
tiende a quedar fuera de control.
Esta situación viene a ser el
resultado de la sucesión de diferentes procesos, los cuales vienen relatados
pasos que previamente hemos visto, y en los cuales queda involucrada la
seguridad, integridad y salud tanto del paciente como del profesional.
Siendo necesario por tanto adaptar
la formación para iniciar un proceso de mejora continua de la seguridad.
Centrando
la acción formativa en suplir las necesidades personales del profesional para
entrenar las diferentes habilidades, y conseguir que sea capaz por sí mismo de
desenvolverse en situaciones en las cuales puede tener que hacer frente a los
factores de riesgo que desencadenarían un desastre.
Entendiendo qué condiciones se
han unido en su surgimiento, las posibles formas de acotar y asegurar estas
situaciones, y la puesta en marcha de pautas de actuación en materia de prevención
de riesgos laborales.
Juan Alberto Toledo Blázquez. Docente de F.P.E. (Tecnología y Electromedicina)