En la primera parte de la entrada, la situación que originó el gran cambio en torno a mi vida quedó en la espera que algunos familiares debemos afrontar cuando se aproxima el triste momento de una despedida.
No puedo recordar cuántas horas permanecimos en la sala de espera de la UCI. En estos tipos de circunstancias el tiempo parece prolongarse, convirtiendo simples segundos o minutos, en horas.
Lo único que recuerdo es el sentimiento de impotencia e inverosimilitud que vivimos ante la situación a la que nos enfrentábamos. ¿Cómo un paciente con buena salud puede fallecer al ser intervenido quirúrgicamente por un procedimiento "mínimamente invasivo"?
Hoy os diría que se trata de un caso de "E.A. derivado de un fallo en el procedimiento de la limpieza y esterilización del laparoscopio", "un E.A. relacionado con la Sepsis". Por entonces, no sabía, ni entendía cómo podía haberse desentrañado este tipo de fallo.
Aún recuerdo la expresión de tristeza, incredulidad y angustia en el rostro de mi madre.
Aquel día junto a otros pocos pensamientos venía a mi cabeza la idea esperanzadora de que se hubiese cometido un error, y no coincidiese el fallecimiento de mi abuelo con su cumpleaños.
Sinceramente, viví una situación que genera un sentimiento que va más allá de la sensación de "desamparo", "de pérdida de confianza".... En esos momentos la tristeza e impotencia inundó nuestras vidas.
Sólo puedo recordar que ya había anochecido cuando fuimos llamados nuevamente para ser informados de que se había producido el fallecimiento.
Casi sin fuerzas bajamos al mortuorio donde mi abuelo, ya fallecido, iba a ser trasladado.
Tengo vagos recuerdos de cómo se desarrollaron las horas siguientes, ya que mi abuelo quería ser enterrado en el pueblo y tuvimos que preparar muchas cosas para trasladarnos hasta allí.
La noticia corrió entre los vecinos como la pólvora, y apenas unas horas después de llegar y terminar de preparar la casa para el velatorio (costumbre que ha cambiado tras abrirse el tanatorio en el pueblo) ésta, estaba llena de personas.
Nadie daba crédito a lo sucedido. Era un hombre sano, cuyo único motivo para operarse de la hernia que se le había producido, era poder arrodillarse para jugar con el más pequeño de sus nietos.
Y es que mi abuelo, como comenté antes, era un hombre cariñoso, comprometido, amigo de sus amigos y con muy buen fondo. Aquella noche casi todo el pueblo se acercó a visitarnos y acompañarnos.
Tras una noche espantosa, y una ceremonia llena de palabras muy emotivas, ya que entre otros, el cura del pueblo le tenía mucho afecto. Fuimos al cementerio del pueblo donde según su ultima voluntad, le dimos sepultura.
Estas experiencias crearon en mí un sentimiento de desasosiego, con el cual aún vivo.
Al pasar unos días volví al instituto donde estudiaba el segundo curso de FP2.
Meses más tarde, finalicé mis estudios; comenzando a trabajar poco tiempo después en un laboratorio de análisis y tratamiento de residuos gracias a la ayuda del tutor-supervisor de mis prácticas.
En esta empresa fui contratado como encargado de mantenimiento, quedando como responsable tanto de las instalaciones del propio laboratorio; como de las instalaciones que creábamos para los clientes. Fabricando estructuras, creando equipos de diversas tecnologías; todo según las necesidades de cada cliente.
Tanto me volqué durante está etapa en el trabajo, que en menos de un año había conseguido reformar completamente el laboratorio. Llevando a su vez las inspecciones y revisiones periódicas de las instalaciones de los clientes.
Tras finalizar esta serie de reformas fui llamado por el jefe el cual debido a las dificultades a las que se enfrentaba la empresa (inversiones y negocios que no dieron fruto) debía despedirme al ser el último empleado en haber contratado.
Después de este tiempo de trabajo en el laboratorio, un conocido me informó que quería abrir un negocio y fue cuando volví a los talleres de automoción. Ya que esta especialidad es la que he conocido y vivido desde mi infancia. Siendo el punto de partida desde el cual decidí desarrollar mi formación en tecnología.
Tras casi un año de duro trabajo en un taller donde era el mecánico responsable de las reparaciones de electricidad y electrónica. Un día, mientras cambiaba las correas de servicio de un vehículo, tuve un descuido y sufrí un accidente laboral quedando atrapada mi mano derecha entre el chasis de un vehículo, la herramienta y su motor.
Quedando incapacitado para seguir ejerciendo de mecánico. Y teniendo que dejar este oficio sin imaginar que el destino volvería a acercarme junto a un hospital.
Corría el año 2010, ya habían pasado unos meses y poco a poco, iba recuperándome de este accidente laboral cuando fui avisado que se iba a poner en marcha el primer certificado de profesionalidad sobre electromedicina en España.
Casi sin pensarlo eché la instancia y tras un par de días de papeleo fui admitido en la "preselección". Transcurrido un tiempo llegó la fecha y subí a Cuenca donde se iba a realizar la entrevista para seleccionar a los alumnos del certificado.
Cual fue mi sorpresa cuando al llegar, (sin haber revisado el email días antes), me plantean un examen de ingreso. Debo admitir que subi sin saber que ocurriría en la entrevista, pero después de hacer el examen quedé en reserva. Dos días después del inicio de curso, un alumno falló y entré en su lugar a estudiar esta "nueva especialidad". Electromedicina.
Los seis meses que duró el certificado fueron una época bonita aunque "dura".
Recuerdo cómo iba acumulando el cansancio debido a la cantidad de horas de viaje entre Albacete y Cuenca. Viajes que realizaba antes y después de clase, saliendo de casa por la mañana y llegando sobre las once de la noche.
Aun así, de esa época me quedo con los buenos amigos que hice; los montones de horas de clase llenas de anécdotas y recuerdos... Esta oportunidad de acercar mi carrera profesional a la sanidad me devolvió la ilusión y optimismo.
Tal era la ilusión por convertirme en técnico de electromedicina, que decidí "comerme el temario" como decimos profesores y alumnos...
Procurando llegar al menos una o dos horas antes del comienzo de las clases en la UCLM para aprovechar, e ir a la biblioteca a ojear el contenido didáctico antes de ser expuesto por los profesores.
"Estudiando y poniéndome las pilas" en electrónica ya que esta es una tecnología tan versátil como difícil y de la cual sentía que tenía mucho que aprender aún.
Después de meses en los cuales hicimos una bonita amistad entre los compañeros de clase; conseguimos crear un ambiente propicio para la colaboración y el apoyo de unos a otros en aquellas partes que nos resultaban más dificultosas.
Conforme iba avanzando el curso decidí que debía convertirme en el mejor alumno del curso ya que se nos había dicho que los mejores optaríamos a conseguir una plaza de trabajo.
Durante el curso observé la necesidad de crear una guía que reúna la tecnología y prevención de riesgos laborales derivados del uso de la tecnología para el personal sanitario. Ya que es algo que todavía no se ha completado y es algo necesario y en beneficio de todos.
Seis meses después de iniciar el certificado, pude finalizarlo con una nota media bastante alta, 9.2 sobre 10... No puedo hablar de ser un alumno 10, pero intenté acercarme a este objetivo.
Tras una reunión con la coordinación del curso se nos informa que sólo uno de nosotros optaría a un puesto de trabajo en una empresa privada. Viendo las necesidades personales de un compañero al cual tengo mucho afecto, decidí cederle este puesto, ya que él acababa de tener su segundo hijo y necesitaba trabajo urgentemente.
Creo que el ambiente lleno de motivación e ilusión compartida con mis compañeros fue un buen punto de partida desde el cual comenzar una nueva etapa.
Una en la que logré convertirme en uno de los primeros técnico de electromedicina certificados.